jueves, 20 de marzo de 2014

LA INTERCESIÓN DE MARÍA


·        Pide a la Madre no sólo que ella sea tu intercesora, sino que te haga intercesora con ella.

·        Pide a María que venga a ti a enseñarte a amar a Jesús, a tratar a Jesús.

·        Acude a la Madre, ella es la intercesora, la mediadora de todas las gracias. El camino para ir a Jesús.

·        Pídele a María que te enseñe a amar a Jesús, que te enseñe a ser madre como ella, a ser hija del Padre como ella.

·        No importa si no acabas el rosario. Presta atención a cada misterio y deja y deja que María presente sus peticiones al Padre. El rosario es otra forma de oración.

·        Jesús nos lleva a María, y María a Jesús. Jesús es la imagen de María, su Madre y María desaparece para dejar lugar a Jesús.

 

EL AMOR


·      Jesús te ama, tú no tienes que hacer nada para que Él te ame, sólo dejarte amar.

 
·      No tienes que esforzarte por amar a Dios, Él te ama como eres, así de pobre y pecadora, sólo tienes que dejarte amar. Él te reviste de si mismo, de su perfección, de su santidad.
·      Lo primero que has de hacer es amarte a ti misma como eres, con el amor del Señor que te ama con tus miserias.
·      Tú no puedes amar, sólo Él con su amor hace que le ames a Él, que te ames a ti misma y que ames a los hermanos. Ponte ante el Señor y déjate llenar por su amor.
 ·      No tienes amor si no vas a llenarte de su amor para amarle a Él y a los hermanos. Ábrete a su amor. El Señor tiene sed de ti, de tu amor y del de los que te rodean. Ámale a Él en los hermanos.
 ·      Sí, aunque solo existieras tú, Él hubiera muerto de la misma manera por ti, por tus pecados, por tu salvación.
 ·      Pídele que te enamore cada día: vuelve cada día al primer amor. Y ¿qué significa eso? Significa volver a dejarte llenar por su amor y con ese amor amarle a Él y amar a los hermanos.
 ·       Déjate amar por el Señor, sin intentar pensar nada, sin intentar sentir nada, solamente déjate amar.
 ·       No “hablar” de su amor, “ser” amor en Él. Habla de su amor cuando te pregunten, cuando Él te lo ponga.
 ·      Sí, el Señor es amor, y el Señor está en ti, y pedir el amor no es egoísmo. Necesitas su amor para amarle a Él y para amar a los hermanos.
 ·      Dios no ha hecho a cada uno de una forma y nos ama a cada uno de una forma especial, única, y pone en cada uno unas necesidades y unos deseos de amor que Él quiere colmar, que va a satisfacer en plenitud allá en el cielo.
 ·      El Señor te sana, el Señor te cura con su amor. Pide el don de la confianza y fíate.
·       Vive de la ternura de Dios, de su misericordia.
 ·       Si ves un minusválido, un mutilado… y sientes deseos de alabar a Dios, es porque ellos son los primeros en su amor, porque en ellos hay una presencia privilegiada del Señor.
 ·     Amor efectivo y amor afectivo: Amas con amor afectivo cuando sientes espontáneamente ese amor por el hermano. Amas a un hermano con amor efectivo cuando puedes pedir al Señor por él, cuando puedes alabar al Señor por Él, por lo que ha hecho y por lo que va a hacer en él, aunque sientas dolor por lo que ha hecho, aunque sientas rechazo por ello.
·     Dale gracias por aquellas personas que al sentir que las rechazas, te hacen acudir a Él y pídele que Él las ame en ti.
 ·     El Señor quiere que seamos hermanos, no “primos”. Hemos de dar limosna, ayudar al hermano, pero sobre todo ayudar educándole para que él sea capaz de mantenerse a sí mismo. Pregúntate, en cada situación que se te presente; ¿cómo actuaría Jesús en él?
·      Amigos… se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos. Amigo, amigo, solo Jesús.
 ·       Respeta a cada hermano en su forma de ser. Considera siempre superiores a los demás. Es que lo son.
·      El Señor te dice: “Tienes mi mirada para mirar. Tienes mi amor para amar. Tienes mi vida para transmitir vida”.
 ·    Morir de amor es morir a tu yo. Vaciarte de ti mismo para que te llene solamente el amor del Señor.
 ·      El Señor te ama de una manera especial y desea ser consolado por ti. Te sorprenderías de la cantidad de gente que hoy desea consolarle. (Sta. Gertrudis. Tres formas de consolar al Señor: ofrecer las pequeñas cosas de cada día, desear tener deseos y mirar con amor al crucifijo.
·     Él está llamando a tu puerta continuamente. Cada vez que le abres, cada vez que le dices. “Ven, Señor Jesús. Ven, poséeme. Ven, te necesito”. Él entra y se une contigo.
·     El Señor es tu Esposo. Tú estás profundamente enamorada de Él, pero Él está mucho más enamorado de ti que tú de Él. El Señor te ha consagrado.
 ·    Cada vez que te acuerdes, dile que querrías estar acordándote de Él cada instante y dile que le amas, dile cosas bonitas. Él es tu Esposo. Lee, haz oración con el Cantar de los Cantares, ahí encontraras las palabras de amor del Señor para ti.
 ·      No tienes que buscar tú la ternura del Señor, solo tienes que a un cumplimiento   pedírselo como una pobre. ¿Qué prefieres los dones del Señor o al Señor de los dones? Busca al Señor que lo tienes dentro de ti.
 ·     Si el Señor quiere darte sus sentimientos gózalos, aprovéchalos, pero no quieras buscártelos por ti misma. Lo importante es vivir de fe.
 ·      El Señor es tu Esposo, te da toda su ternura, te ama infinitamente, te abraza, se funde contigo, te posee. Tú solo tienes que decirle. “Aquí estoy, Señor, hágase tu Voluntad en mí”.




 


 

LA EUCARISTIA



·      La Eucaristía es un medio, no un fin, como todos los sacramentos, para que llegue a ti el reino de Dios, que es la vida de Dios en ti, del Padre, del Hijo y del Espíritu santo permaneciendo en ti y tú en Ellos.

       ·       La Eucaristía: si puedes ir todos los días, muy bien, pero que no sea nunca un cumplimiento, que sea una oportunidad que te da el Señor para unirte a Él en su ofrecimiento al Padre.

·             Si puedes, vete a la Eucaristía unos cinco o diez minutos antes de comenzar como preparación, es un don para vivirla mejor. Vivirla mejor es unirte al Señor en su ofrecimiento al Padre.

·             No hables a tus hijos de cumplimiento, de ir a misa… La Eucaristía es una invitación del Señor a celebrar con Él la ofrenda de su vida y de su muerte al Padre en remisión de nuestros pecados. Es la invitación a celebrar el amor inmenso del Padre que envió a su Hijo para salvarnos del pecado y de la muerte.

·             La consagración del pan es el momento de la crucifixión, y la del vino es el momento que toda la Sangre del Señor se derrama por toda la humanidad.

·             Vive la Eucaristía como si fuera la primera y la última de su vida.

·             En el ofertorio haz ofrenda de ti misma, y de toda la humanidad, al Padre en Jesús.

·             Vete a la Eucaristía con todos los pecados de los hombres pero en Jesús; son sus espaldas las que los llevan. Con Él ser pecado, para llegar a ser justicia en Él.

·             Eres su esposo, celebra en esta Eucaristía tus esponsales. Sé una esposa amante, eres única para Él.

·             Puedes celebrar tus esponsales no solo en la Eucaristía, sino cada momento del día. acude a Él cada momento.

·             Ofrecer la Eucaristía en acción de gracias, pero también como un día de la semana darle gracias concretamente por sus dones, por lo que hace en ti, en tu vida.



 a)  La comunión 
 
·             La comunión: una fusión con el Señor pero en fe. Lo importante es la fe, vívelo. Mírale ahí, en tu mano, al comulgar, es el más bello de los hombres, es tu Esposo, tu hermano, tu amigo, se funde contigo, vive en ti. Sí, te está mirando continuamente, no dejes de mirarle tú.

·             La comunión espiritual: una de las formas de hacerla es cuando le pides que te posea, que obre en ti.

·             En la comunión no solo lleves contigo a los tuyos, sino a toda la humanidad.

·             En la comunión, háblale a Jesús, pero escúchale, es más importante escucharle.

·             La comunión es más que un abrazo, es una fusión. Es el contacto de los que se aman: Jesús y tú.

 

b)  El sacerdocio real

 

·             Vive tu sacerdocio en la Eucaristía unido al del sacerdote que celebra, que es Cristo. Ofrécete a ti misma, a los que te rodean, a toda la humanidad, los trabajos, los sufrimientos… y después ofrece cada momento del día.

·             Ejercer nuestro sacerdocio común: (1 P 2, 4-10) “… para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. (Ap 1, 6) “… ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dos y Padre”. (Como sacerdotes, unidos en Cristo Sacerdote, ofrecerán a Dios el Universo entero en sacrificio de alabanza).

·             Has de ejercer el sacerdocio común en la Eucaristía, presenta los pecados de toda la humanidad, sé Cristo cargando con todos los pecados del mundo, ofreciéndote al Padre. Repite por dentro las oraciones, menos las de la consagración, pon a toda la humanidad en las ofrendas, pon todos los sufrimientos de la humanidad allí en el vino. Siéntete Cristo ante el Padre.

·             No solamente has de ejercer el sacerdocio común, sino también has de ser profeta y rey. Cuando no lo cumplimos deberíamos confesarnos de ello:

o   Ser sacerdotes en Jesús es ofrecer las veinticuatro horas del día al Padre.

o   Ser profeta en Jesús es comunicar la esperanza que vives.

o   Ser rey en Jesús es servir y amar a los demás en Cristo.

·             Si algún día no puedes acudir a la Eucaristía no te agobies, no hagas obligaciones, tu Eucaristía tiene que ser las veinticuatro horas del día. Lo que no te puede faltar es un rato de oración. Pídele al Señor que organice tu tiempo.

·             La unión con Cristo Sacerdote: Debes ofrecer al Padre en Él todos los pecados de los hombres para que Él los perdone con su amor misericordioso. Que sea Jesús en ti el que ofrezca al Padre todas las horas de tu día, incluso durmiendo.

·             Que toda tu vida, las veintitrés horas y media que no son Eucaristía, sean tu sacerdocio; que todo, trabajo, oración, sueño… sean una acción de gracias, un ofrecimiento de toda tu vida a Dios en Jesús. Todos los momentos son del Señor. El Señor te llama a eternizar cada momento viviéndolo con Él.

LA RECONCILIACIÓN


 

·        Hay que renovar el sentido del sacramento de la Reconciliación: es reconciliarse con Dios, contigo misma y con los hermanos. No debemos llamarla confesión, es mucho más que eso.

       ·        El hijo con el Espíritu Santo son creadores conjuntamente con el Padre. El Padre con el Espíritu Santo son salvadores con el Hijo. Y el Padre y el hijo actúan conjuntamente con el Espíritu Santo.
·      En la Reconciliación acoges plenamente la redención del Señor.
 
·      Cada Reconciliación es una conversión, es venir como una pobre a que el Señor te renueve, te llene de sus dones, te de su calor…
 
·      Jesús es tu director espiritual, en la reconciliación, es Jesús el que va a ella en ti, y también es Él el que está en el sacerdote. Los dos juntos sois Jesús. La Reconciliación te hace más Jesús.
 
·     Aprende a decir al Señor cuando estés con personas: “Pon tú las palabras en mi boca, que seas tú en mí para ellas y en ellas para mí.
 
·     Porque no dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor… Es cierto que tu director es Jesús, yo solo te ayudo a que Jesús sea tu director. Cuando hayan pasado días y no puedas acudir a la dirección, acude al Señor y dile: “Señor, vengo ante ti para que me dirijas”, y el Señor vendrá y te dará lo que necesites en ese momento, porque es cierto que si pasan más de quince días, o más de ocho días incluso, uno se va enfriando y no se ve ni lo bueno, ni lo malo, ni siquiera tus propias faltas y pecados.
 
·      La Reconciliación es un sacramento con una presencia especial del Señor. ¿por qué no recibirlo con frecuencia, como la Eucaristía? Los santos la necesitaban todas las semanas, e incluso algunos todos los días.
 
·      Aunque realmente se te perdonen los pecados veniales por la Eucaristía, la oración, una buena obra… y solo sea necesario en caso de pecado mortal, es un sacramento precioso ¿Por qué no hemos de recibirlo con frecuencia?
 
·      Necesidad de Reconciliación frecuente: es porque necesitas crecer, porque necesitas más del Señor y en la Reconciliación creces. Al venir a la Reconciliación tú me ayudas a ejercer mi ministerio sacerdotal.
 
·      Yo me alegro cada vez que vienes a la Reconciliación. Lo mismo tienes que hacer tú porque vienes a que el Señor te revista de sí mismo. La Reconciliación es una fiesta. Alégrate, vístete y arréglate para el Señor.
 
·      En la Reconciliación expresa también lo bueno que el Señor hace en ti y a través de ti, y llénate de gozo y alábale por ello, eso no es soberbia.
 
·     Lo más importante es que seas libre, libre ante el Señor, libre ante los hermanos, libre antes las situaciones. Para la libertad hemos sido creados.
 
·      El pecado de omisión es darte cuenta de que debías actuar de cierta manera y no hacer nada.
 
·     ¿Qué es el pecado? Es la separación de Dios, la separación de uno mismo, la separación de los hermanos, la infelicidad. Jesús en la cruz experimentó la separación de Dios, siendo él mismo.
 
·      No hables de cosas que luego se puedan propagar eso es calumniar aunque tu intención no sea esa.
 
·      No tienes que pedir perdón por aquello que eres, sino por aquello que has hecho. Ante tu pobreza, tu miseria, tu incapacidad, pídele que venga Él a poner sus virtudes, las que son contrarias a tus miserias.
 
·      El sentirte pecador aunque no sepas en ese momento no sepas de qué pecado, es porqué cada pecado del mundo es tu pecado. Aunque solo hubiera un pecado en el mundo, ese sería tuyo; si vives en Jesús. Jesús ha cargado con los pecados de cada hombre. “A quien no conocía pecado, Dios le hizo pecado por nosotros” (2 C0 5, 21). El pecado de tu hermano es tuyo, por eso no podemos juzgar.
 
·      Y viendo la fe de ellos… Por tu fe, por tu oración, El señor cura y perdona los pecados de tus hermanos.
 
·      El pecado de todos los hombres es tuyo en el Señor, por eso puedes pedir perdón por ellos.
 
·      Para que haya pecado es necesario que se cumplan tres condiciones: conocimiento de su gravedad, consentimiento y libertad.
 
·     Las faltas se te perdonan con los sacramentales, con un rato de oración, con la Eucaristía, la comunión, el agua bendita, un acto de amor al Señor, una buena obra, una visita al Santísimo…
 
·      El dolor de los pecados: que no sea por miedo al infierno (atri- ción) sino por amor (contrición).
 
·      Cada vez que te vengan a la memoria recuerdo de pecados o situaciones del pasado, dale gracias y adórale por su Pasión y Muerte para redimirte, y por haber estado presente amándote incluso en ese mismo momento de pecado. Dale tus pecados, si te quedas con ellos dándole vueltas le haces seguir allí, en la cruz por ti. Déjale bajar ya de la cruz.
 
·     Cuando en la dirección espiritual, en la Reconciliación, principalmente buscas respuesta a asuntos técnicos, lo que obtienes es cultura, cuando tratas de los asuntos de “dentro” lo que obtienes es vida y la vida; convierte.
 
·      El purgatorio y el infierno no se sabe cómo serán, pero sí es seguro el sufrimiento, el dolor de estar separado de Dios.
 
·      Necesitas venir a la Reconciliación para que el Señor te convierta, te renueve, te transforme en Él mismo por medio del Espíritu Santo y te lleve al Padre. No digas: “Es que es siempre lo mismo”, aunque sean parecidas las dificultades, cada día es diferente, cada día es nuevo.
 
·      Si estás débil y tienes ganas de llorar, pues llora y dáselo al Señor. Abre tu corazón al Señor y Él viene con su fortaleza. Vienes aquí a buscar la fortaleza, cree, el Señor te la da, y alábale.
 
·      Jesús te hace partícipe de su divinidad y cuanto más acudas a Él, cuanto más te abras a Él, cuanto más acudas a la Reconciliación, más se hará presente en ti, más te harás participe de su divinidad. El vestido nuevo que me pone el Padre en la Reconciliación es su Hijo Jesús.
 

SERVICIO, ENTREGA, GENEROSIDAD, COMUNIDAD. LA PALABRA DE DIOS



·       El gran fruto de la comunidad es Jesús. Él es gran don del Espíritu Santo que te lo da a través de la comunidad.

        ·       El Señor quiere que seamos libres, en el grupo servir pero siempre en libertad.

        ·        Sé generoso, da limosna, pero que no sea por obligación. Pero no solo la generosidad se refiere al dinero sino a todo, tu tiempo, tu afecto, tu atención, etc. A los demás.

·      Entrégate a los hermanos en todo lo que haces, pero entrégate en Él. Él es el que se entrega en ti.

·      Entrégale tu tiempo al Señor y dile: “Señor, úsame como Tú quieras, pon Tú las ocasiones y las personas”.

·      Sé pastor: No pretendas nunca ser superior a los hermanos sino ser uno con ellos, ser comunidad, ser como ellos.

·      La oración de la comunidad está por encima de todo, no sabemos a quién quiere traer el Señor ese día, ni lo que el Señor quiere hacer.

·     Has de servir en el grupo sin que se note, sin autoritarismo.

·      Cada uno tiene unas cualidades distintas y hay que ponerlas al servicio de los demás.

·      Comparte, pero no solo el dinero, sino principalmente el gozo, la paz, los dones que Él pone en ti, tu tiempo…

 

 
 

miércoles, 19 de marzo de 2014

LA MUERTE

·        La muerte es pasar de una vida a otra vida. Vive esa vida ya ahora. Vive el momento presente, no piense en el luego o en el mañana.

·      No te sientas triste ante la muerte de tus seres queridos, no estás sola, el Señor está siempre contigo, y en Él está todo el cielo y todas Los tuyos. La muerte no es muerte, es pasar a una vida mejor.

·      Tus padres y todos los que amas y ya han partido, están vivos en ti, no se alejan. Si están en Dios y Dios  está en ti, ellos están en ti.
·      Cuando morimos, nuestros familiares y amigos vienen a buscarnos con gran alegría.

·      Los niños que no han llegado a nacer están con el Señor y con nosotros.

·      La condenación se la busca uno mismo rechazando la salvación del Señor. Siempre tenemos que estar preparados.

·      No tengas miedo al momento del paso a la otra vida. El enemigo está atacando en todo momento, pero con Jesús, en Jesús, no hay temor. Pide el don de la confianza.