· Cada vez que venga a tu mente un pensamiento de
soberbia, de creerte que algo es tuyo, dile: “gracias a ti, Señor. Si te alaba
alguien por algo di: “gracias a Dios”, y así lo conviertes en una alabanza
a Él.
· Cuando te creas más que otros, reconoce que
realmente el Señor te ha dado dones gratuitamente y por ello dale gracias y
alábalo.
· El Señor con las tentaciones quiere vaciarte,
hacerte pobre; que seas una pobre confiada. Cuanto más vacía y pobre, más puede
llenarte de Él y vivir en ti.
· En las tentaciones, que las tendrás siempre, pídele
al Padre, desde su Hijo, que está en ti, aquello que necesitas y ten fe en que
te lo concede. Pídele que venga a ti con su humildad, con su amor, su
desprendimiento…, y también ríete de ti misma y alégrate de tener tentaciones
porque es ocasión de que vayas a Él y de que nazca una oración preciosa en ti.
· Que no me estime en más de lo que conviene… ¿Y cuál
es lo que conviene? Que soy templo de la Santísima Trinidad. Sois santos porque
yo soy Santo. Que no me vuelva nunca a despreciar a mí misma, que no me diga
nunca: soy un desastre.
· Cuando te des cuenta de una tentación, acude
inmediatamente al Señor, pídele que venga con su amor, con su humildad, con su
misericordia, y no le des más vueltas. El reconocer que el Señor ha puesto
dones en ti ha de servirte, no para soberbia, sino para alabar al Señor, los
dones son de Él.
· Tener genio, tener un carácter fuerte, es un don,
pero es negativo si lo utilizas desde tu amor propio (soberbia, orgullo).
·
Si ves que el hermano tiene algún defecto o ha actuado
de una forma errónea y que ese defecto tú no lo tienes, alégrate en el Señor,
alábale por todo lo que te ha dado a ti y todo lo que ha hecho en ti toda tu
vida, porque Él es el que lo ha hecho todo y el que te lo ha dado todo.
Alégrate y alábale, pídele al Señor que también le de esos dones a tu hermano.
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